06
MAR
2016

IRSE DE CASA, VOLVER A CASA, ESTAR EN CASA...



Sobrecoge y hace pensar la enseñanza de Jesús cuando propone las parábolas de la misericordia para ayudarnos a descubrir el perdón que nace del amor del Padre (Lc 15, 1-32). No son “cuentos” para entretenernos, o para que nos quedemos dormidos, sino para transformar nuestro corazón y despertar a una nueva manera de vivir. En la parábola de este domingo (conocida como “parábola del hijo pródigo”, pero mejor citarla como “parábola del amor del Padre”) aparecen unos personajes que nos recuerdan situaciones y actitudes de nuestra vida. Se abre la parábola con la dureza de mente y corazón de quienes murmuran y critican a Jesús porque se junta y come con publicanos y pecadores. A partir de ahí, la enseñanza: un hijo que se va de la casa del amor del Padre y desparrama perdidamente su vida, pero que recapacita y vuelve arrepentido. Un Padre que espera el retorno del hijo con los brazos abiertos para el abrazo y la fiesta del perdón. Otro hijo, el que siguió en casa cumpliendo sus horarios y quehaceres, que se enfada y reprocha la actitud del Padre. Conviene que nos metamos en cada uno de los personajes para revisar nuestra vida. De poco sirve estar en "casa" si no hemos descubierto y disfrutamos cada día del amor del Padre. Al final resulta que el hijo “cumplidor”, el que permanecía en la casa, es el que más lejos se había ido de la casa del amor del Padre. Una propuesta de revisión y de cambio de actitudes en cualquiera de las situaciones en las que nos veamos reflejados.


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